El alambique de los sustos
Estoy sentado en esta antigua banqueta construida en una pieza entera de castaño. Al moverme responde, a destiempo, con pequeños crujidos. Tiempo y uso han gastado sus vetas casi tanto como martirizado mis posaderas. Quizás esté pidiendo a gritos su jubilación y es que son muchos años de servicio… Aquí me hallo, en esta banqueta que no es cualquier cosa. La misma que permite entrever capas de barniz solapadas unas encima de otras. Entretanto pegado a la cocina escucho plácidamente los leños consumiéndose entre silbidos y chasquidos. Olor difícil de describir, penetrante e intenso a la vez, maniático a la hora de impregnarlo todo. Se cierran mis párpados y creo estar en verano, a treinta grados pero no, el vaivén de la banqueta y los días cortos me trasladan al hoy. Soy dichoso observando como arden los palos. Los haces de luz se alargan en cándida presencia, adoptando formas caprichosas y zigzagueantes sobre el suelo de ...