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La musa de las coletas

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  El Umbral del Sueño Giovanni Ricci era, sin lugar a dudas, el escritor francés de origen italiano más exitoso en lo que al género del terror se refiere. Desde que su primera obra había roto los récords de ventas su nombre resonaba tanto en las librerías como en las mentes de quienes amaban lo tétrico y macabro. Sin embargo lo que pocos sabían era que su inspiración, aquella chispa que lo había encumbrado, hacía meses que lo había abandonado. Este hecho constituía una verdadera tragedia para quien como él vivía de la literatura. Desde entonces, el genial autor se encontraba en una espiral de autodestrucción. Cada noche, sentado frente al portátil, veía un abismo insondable que parecía agarrarlo del cuello para llevárselo a las profundidades del Tártaro. Para combatir aquel vacío habíase sumergido en una adicción que mantenía en secreto: la cocaína. Las líneas blancas eran lo único que, según su entendimiento, lo mantenían cuerdo, atándolo a este mundo. Su día a día terminaba llená...

Armarios

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  He aquí otra de esas historias que parecen sacadas de la imaginación de una mente delirante. Sí, esas que se han ido por tanto tiempo que no se las espera de vuelta. Roberto Sobral era un escultor con el talento justo para no morirse de hambre. Tras un tumultuoso divorcio había experimentado un profundo cambio tanto físico como mental. Sus obras tomaban formas y conceptos cuanto menos peculiares. Difíciles de colocar incluso para los más avispados marchantes de arte. Los más conservadores afirmaban que sus trabajos rozaban lo pagano, la frustración, la provocación, la rabia y hasta la locura. Según palabras textuales del propio artista: «reflejo mi necesidad por explorar a través de conceptos sin definición».             Era habitual verlo bebiendo hasta altas horas de la madrugada. De hecho cerraba bar tras bar. El resto de la noche acababa con sus huesos en cualquier polígono, durmiendo la mona entre cartones y bidones que ...

Espeluznante -decimosexto acto-

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Nos gusta reunirnos en torno a una fogata para contarnos cuentos de miedo. Cada quién narra el suyo para ver cual asusta más; para ello no sólo se pone énfasis en lo que dice sino también en cómo se dice. En silencio permanecemos nerviosos pero atentos al devenir de la narrativa. Angustiados pero necesariamente ávidos de cuentos robadores de sueños.  Cuando me toca a mí sinceramente no tengo nada que supere a cuantos me han precedido. Sin embargo recordé que en una de las visitas a mi abuela ésta me había compartido una asombrosa leyenda conocida como la Anciana del Saco. Mis amigos abren las orejas mientras dos de ellos echan leños a la fogata… Vamos allá.             Cada noche por los caminos de Argüelles de Aranda, nuestro pueblo, al cerrarse el cielo y dejar oculta la luna hace acto de presencia la Anciana. Una enjuta mujer de largo cabello canoso vestida íntegramente de negro. Parece arrastrar un hondo penar, un dolor tan...

La mano derecha de Dios

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  Este helado aire me ataca de frente como tantas veces hace. Potencia mi debilidad humana e incluso por veces siento derrumbarse los cimientos que sustentan mis creencias. Afortunadamente sólo acontece en contadas ocasiones. Esta fragilidad de espíritu está ligada a la tentación que como hombre debo soportar cada vez que salgo a la calle. No obstante sé que soy fuerte con lo cual no preciso opción a réplica porque cualquier defensa puede darse por cumplida en la ofensa. Soy juez y verdugo pues el buen Dios así lo ha dispuesto…             Esta ciudad está asolada por una serie de misteriosos crímenes sin resolver. El común de los mortales no puede llegar a comprenderlo con lo cual catalogan de «crímenes» mis actos purificadores. ¡Osados ignorantes! Soy portador no de muerte sino de salvación. Me fascinan las liturgias llevadas a cabo en fastuosas catedrales pero también aquellas habilitadas en pequeñas ermitas. Siempre arrodil...

Acoso escolar venganza

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Alejo Buenaventura fue un excelente estudiante y de eso nunca hubo dudas. Aplicado y centrado suyo era el mejor expediente académico. Sin embargo transitó solo entre luces y sombras, consumido por una honda amargura y una prolongada desesperación. Tan notoria era su falta de sociabilidad como desmedida su inteligencia. Amigos si alguna vez los tuvo quedaran trastabillados en el camino. Desde que tenía uso de razón fuera apartado, repudiado y expulsado de diferentes manadas. ¿La razón? Según sus compañeros era un bicho raro. Por lo regular se cumple cuando alguien no forma parte de la misma serie numérica… Nadie volvió a saber de él desde aquella fatídica noche de sábado. Pudieron ayudarle pero no quisieron y de querer no habrían hecho el esfuerzo ¿para qué? Quizás sus poemas trágicos clamaban mesura a lo largo de diez versos de sangre. Otros necesitaban pasarlo bien, echarse unas risas a costa de un tercero y para esto precisaban de Alejo. Siempre silencioso e invisible, clavando su mi...