Armarios
He aquí otra de esas historias que parecen sacadas de la imaginación de una mente delirante. Sí, esas que se han ido por tanto tiempo que no se las espera de vuelta. Roberto Sobral era un escultor con el talento justo para no morirse de hambre. Tras un tumultuoso divorcio había experimentado un profundo cambio tanto físico como mental. Sus obras tomaban formas y conceptos cuanto menos peculiares. Difíciles de colocar incluso para los más avispados marchantes de arte. Los más conservadores afirmaban que sus trabajos rozaban lo pagano, la frustración, la provocación, la rabia y hasta la locura. Según palabras textuales del propio artista: «reflejo mi necesidad por explorar a través de conceptos sin definición». Era habitual verlo bebiendo hasta altas horas de la madrugada. De hecho cerraba bar tras bar. El resto de la noche acababa con sus huesos en cualquier polígono, durmiendo la mona entre cartones y bidones que ...