La doncella doliente
Por la posición del sol podían ser las cinco de la tarde. Era una calurosa tarde de verano en una época caduca donde la vida del pueblo llano no valía demasiado. La señorita Inés de Valdés estaba formalmente prometida con el Barón de Tierzo. Sus padres veían en el aristócrata una importante fuente de riqueza y poder. Por ello y haciendo caso omiso a los sollozos de la primogénita accedieron a su unión en matrimonio. Inés pasaba el día cautiva en su aposento hilando finos telares y gruesas amarguras. Odiaba a sus padres tanto como a sí misma; a ellos por entregarla como vulgar mercancía y a ella por no tener la suficiente fuerza para hacerse valer como mujer. En repetidas ocasiones había jurado quitarse la vida antes que desposarse con alguien a quien apenas conocía y menos amaba. Ciertamente era más bravuconada que otra cosa pues sus creencias religiosas no le permitían culminar tal acto. ...