Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como muerte

La doncella doliente

Imagen
Por la posición del sol podían ser las cinco de la tarde. Era una calurosa tarde de verano en una época caduca donde la vida del pueblo llano no valía demasiado. La señorita Inés de Valdés estaba formalmente prometida con el Barón de Tierzo. Sus padres veían en el aristócrata una importante fuente de riqueza y poder. Por ello y haciendo caso omiso a los sollozos de la primogénita accedieron a su unión en matrimonio.             Inés pasaba el día cautiva en su aposento hilando finos telares y gruesas amarguras. Odiaba a sus padres tanto como a sí misma; a ellos por entregarla como vulgar mercancía y a ella por no tener la suficiente fuerza para hacerse valer como mujer. En repetidas ocasiones había jurado quitarse la vida antes que desposarse con alguien a quien apenas conocía y menos amaba. Ciertamente era más bravuconada que otra cosa pues sus creencias religiosas no le permitían culminar tal acto.      ...

Triumvirātus

Imagen
  Aire y tierra trófica De vuelta están los pájaros. Vienen en bandadas de algún lugar retirado con sus característicos graznidos de vigilia. Los árboles ajados, pretéritos y exánimes frisan los trescientos años. Tres siglos dándoles cobijo entre sus ramas alineadas cara al sol.  Decenas de aves hacen parada en el camino. Corretean a saltitos entre ellas con sus diminutas patas amarillas. Exangües y ruidosos marcan territorio sobre aquella arboleda abatida que se muere lánguidamente.  Son como una única entidad orgánica agitando las plumas y acicalándose con esmero mientras más graznidos anuncian más llegadas. Canturrean vocingleros porque ellos conforman aire y tierra trófica.  Entretanto a ras del suelo perros grandes y canes pequeños se deshacen a ladridos. Si pudiesen desplegar un par de alas podrían atraparlos o al menos capturar a uno.  Ojos inyectados en sangre a modo de rabia desbocada. Saltan, giran, balbucean, gruñen, agitan el rabo y muestran sus colm...

Besos de agua

Imagen
  Aquí de nuevo, el mismo día a la misma hora de cada mes desde que aquello pasó. Heme aquí en plan boceto desesperado apadrinado por esta terca obstinación de la que hago gala. Acá en el lago de la tranquilidad enardecida, tumbado boca abajo sobre una fina cortina de agua. Bajo la misma profundidad pardusca y limo arenoso. Y allí está ella, emergida, tumbada boca arriba bajo estas mismas aguas.             La brisa suave empuja los nenúfares sin dejar de contarles nuestra trágica historia. Mujer de larga melena que ve levitar ingrávido cada cabello, moviéndose caprichoso a bajas revoluciones. Yo la veo y ella me ve. Intensa, fugaz y constante; desesperados ambos por nuestro idilio truncado. Me entrega la primera de muchas sonrisas pálidas, haciendo mío su hondo penar. Se las devuelvo una a una a modo de cortesía desesperada, al recuento de lágrimas desaguadas. Es ella vestida de largo y largas piernas. Atuendo blanco, blanco p...

Mátame otra vez

Imagen
  Aquel vehículo rasgaba la noche con sus potentes faros, prolongando la línea de luces por docenas de metros repletos de flora y fauna. La carretera que llevaba al denostado complejo industrial cobraba vida con cada haz de luz dejado sobre ella. Finalmente detuvo la marcha en la perpendicular del muro de hormigón. Ante la tartamudez de la noche el motor roncaba cuan martillo percutor. No tardó en bajarse un hombre corpulento y marcada cojera. Fue al maletero porque allí se hallaba su trofeo, otro más para la colección. Continuos golpes quebraban la monotonía de la madrugada. En el interior el peor de los escenarios: una mujer amordazada, asustada y abandonada a su suerte.               Al ver aquella inquietante y fornida sombra, de pie frente a ella, intentó gritar con todas sus fuerzas. Sin embargo la tira de cinta americana echaba por tierra cualquier intento. Los ojos de la dama doliente volcaban lágrimas sin ...