Un conde, un tuerto, dos mujeres y un bebé
La señora Obdulia entra en escena, lleva en brazos a su hijo Vicentín. -A ver, qué sucede aquí que ya ni dar la teta al niño se puede con esta barahúnda… -¡Señora Obdulia! –Le grita desde el pilón una mujer gruesa que está retorciendo con ahínco una sábana más vieja que Matusalén. –A resultas el señor Conde se ha encamado con una de esas vedettes capitalinas. Dice Josefa la del Venancio y Paca la del matarife que vivió su mocedad acá en el pueblo. Como le digo, fue una más de las nuestras sin embargo por más vueltas que le doy no le pongo cara a la muy desvergonzada… Desde el camino aledaño al pilón les habla con aspavientos un tuerto desdentado de nombre Eulogio. Se mete las manos en los bolsillos al tiempo que agita con maestría sublime un mondadientes pegado a los labios. -¿Acaso a ustedes tanto les atañe la vida de los demás? El señor Conde pues que se arrejunte con quien le venga en gana que para eso es de cuna y ustedes dos deslenguadas metic...