En lo más alto del ocaso
Lejos quedan aquellos años vividos intensamente al cobijo de tilos y robles. Tanto así que le cuesta hacer memoria. Prueba de ello son sus lágrimas sin enjuagar, acompañadas de juramentos malsonantes y ceño fruncido. Desvalido, enfermo y demacrado… Tito, viejo carcamal con pie y medio en la tumba. ¿A qué espera la muerte? ¿A una cordial bienvenida? ¿A una invitación lacrada? Incluso ella parece formar parte del complot para mantenerlo vivo como a un vegetal. Esta conjura repite metódicamente momentos tantas veces añorados. Algunas veces se quedan retenidos en su sesera de forma puntual pero mayormente son chispazos efímeros sin orden ni concierto. Días encadenados a semanas y semanas encadenadas a meses, culminando en años interminables. Catarros, toses, pinchazos, reuma, pruebas médicas, artrosis, artritis, orines y defecaciones en el pañal. Problemas físicos de la mano de ese olor desagradable que emana su cuerpo. Desgracias en cualquier caso que hacen hincapié ...