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EstaZional

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  I Aquella mañana, que por el este despierta, lo hizo como todas las demás; parlanchina y ligeramente melancólica. Al menos me lo quiso parecer. Afirmo que juego al despiste y esto es así porque corren tiempos espinosos para colocarse en el pescuezo de otro. Tiempos revueltos donde disfrutar armoniosamente en soledad no resulta fácil. Y es que aquella mañana de diciembre se daba para eso. Altanera y bravucona como ella sola. Me clavó una daga por la espalda, sin ni siquiera yo sospecharlo. Buscaba cubrir mi garganta del frío y no mi espinazo del acero… ¡Traidora! Busqué moneda de cambio entre millones de monedas, sin encontrar más que horas baldías, voluntades fatales e inquietantes ecos de un ayer latente… Mañana de diciembre en la alcoba de los sueños perdibles. Adormilado, entre cobijas de lino y atrapasueños que no capturan madrugadas en ciernes. Sonriente en el poniente y desconsolado al alba. Tiempo, locuaz, mordaz en sí mismo, un bulo tirando de otros mayores. Es diciembre ...

El libro envenenado

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Hoy, igual que ayer, mi macuto viene repleto de mundologías. Emociones dentro de mí que extirpan de raíz cualquier mala praxis. Cúmulo de adversidades que en algún momento de la vida encapotaron la tranquilidad del que se sabe sufridor. Mas parecen haberse disipado razones y razonamientos a tales circunstancias. No soy el mejor ni aspiro a serlo así como tampoco la araña es consciente de su prisión de seda.             Soy tunante nombrado gentilhombre, mayúsculo despropósito tal hecho. Gobernante del gemido; bogando en aguas mansas tan ponzoñosas como turbias. ¡Mi macuto! A la espalda lo llevo, cargado de culpas y pesos asociados a una larga vida. No obstante la noche y el día tienen cosas que callar y también sopesan lo suyo… Juegos malabares de pocos minutos en el semáforo de la esquina. Somos testigos pero no dejamos moneda. Yo, sin ser el mejor gano y siendo el peor ¡vuelvo a vencer! ¡Con o sin divisa!     ...

La mentira y el mentir

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¿Qué son y de dónde provienen mentiras y mentirosos? Quizás ya existían antes del despertar de la noche de los tiempos. Tal vez como personas no seamos nada que valga la pena salvar; un neto error evolutivo lleno de prejuicios, apariencias, manipulación y mentes retorcidas ¡divina comedia!... Son los que son, estúpidos ellos mientras que somos muchos los que hemos dejado de serlo. Cada persona a su manera es un Pinocho de tergal y atrezo adivinando palabras a través de gestos. Somos surcos, líneas y formas profundas mal horadadas por la gubia de un artesano ciego.             Ingente verborrea susurrada al oído, sin dejar de apretar los dientes. Mascullado y escupido parlamento que deja tras de sí aromas pútridos. De ahí en adelante interactuando con terceros pues de alguna manera se han convertido en fragancias del bosque… Caricias sobre esta piel incolora y mutable. Popurrí ácido de sinsabores por el buen hacer del grandísimo embu...