Las 5 cajas
P or supuesto soy real ¡ya sólo faltaba! Uno de mis últimos trabajos fue poco elegante por la ubicación pero tremendamente deleitoso. Merece la pena contárselo para que sepan lo estúpidas que llegan a ser las personas. Usted no mire para otro lado porque también está en el mismo grupo. ¡A mí no puede engañarme! La acción se desarrolló en el retrete de la primera planta de un partido político acuciado por procesos judiciales interminables. Tratándose de política ¿qué mejor lugar? ¿Cierto? Bueno en realidad no. No resultaba cómodo ver a mi «protegido» sentado en el trono con los pantalones bajados leyendo el periódico… Obviamente nadie más que él podía verme y escucharme así que le informé de los pormenores de mi papel allí frente a la puerta del retrete. Dentro un individuo tan amargado como ofuscado... ¡La víctima perfecta! Llevaba tiempo pasándose por el burdel, engañando a su mujer bajo aquella apariencia de intachable hombre de familia. Inevitablemente terminó conociendo no a una an...