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EstaZional

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  I Aquella mañana, que por el este despierta, lo hizo como todas las demás; parlanchina y ligeramente melancólica. Al menos me lo quiso parecer. Afirmo que juego al despiste y esto es así porque corren tiempos espinosos para colocarse en el pescuezo de otro. Tiempos revueltos donde disfrutar armoniosamente en soledad no resulta fácil. Y es que aquella mañana de diciembre se daba para eso. Altanera y bravucona como ella sola. Me clavó una daga por la espalda, sin ni siquiera yo sospecharlo. Buscaba cubrir mi garganta del frío y no mi espinazo del acero… ¡Traidora! Busqué moneda de cambio entre millones de monedas, sin encontrar más que horas baldías, voluntades fatales e inquietantes ecos de un ayer latente… Mañana de diciembre en la alcoba de los sueños perdibles. Adormilado, entre cobijas de lino y atrapasueños que no capturan madrugadas en ciernes. Sonriente en el poniente y desconsolado al alba. Tiempo, locuaz, mordaz en sí mismo, un bulo tirando de otros mayores. Es diciembre ...

La ciudad de la melancolía

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Ha cambiado mucho esta ciudad cercana pero distante. Apenas logro reconocerla entre tanto hormigón, escaparates y personas apresuradas. Alzo la mirada y trato de recordar qué había antes allí; antes de que emergiera el edificio que ahora se asienta sobre los cimientos del pasado. Del ayer tierra mojada y olor a hierba segada; carreras de perros y de niños pegados a una pelota. Del ayer entusiasmo neto contemplar la ría y a sus moradores oteando desde la distancia ¿por qué no? A las gaviotas sobrevolando los barcos que entran al puerto. ¿Dónde y en qué punto se ha perdido el eslabón del ayer? Me es imposible distinguir lo hecho de lo que no ha sido bien hecho. Cualquier monumento levantado en honor a la modernidad o al bienestar, mal entendidos en cualquier caso, deberían hacernos pensar…             Carreteras por aquí y por allá, locura en estas épocas modernas que nos ha tocado vivir. Un enorme río interminable de carrocerías en l...

Mi tejo y yo

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Atrás quedan los viejos tiempos sin poder más que contemplarlos desde la estación del ferrocarril y desde sus vías del ayer. Larga es la calzada del tiempo mas se termina antes o después indiferentemente a nuestros aciertos y equivocaciones. Cuesta encajar la frustración máxime cuando debemos escalar su cuello de jirafa. Sea pináculo cotidiano alzado de vitalidad, lucha y empuje. Por veces triquiñuelas de pícaro que conducen a propios y extraños a desvestir un santo para vestir a otro.             Ahora desde la desbocada añada desflorada tantas veces las disposiciones se contemplan borrosas con ojos y miradas propias que para otros quisiéramos. A pesar de conservar parte de los recuerdos sé que he perdido inexorablemente mi principal virtud: la juventud. El anciano tejo rechoncho y retorcido sigue enmarañado a la verja. Lo recuerdo así desde antes de hacerme hombre de provecho. Pero en la actualidad adolece de espíritu joven pues e...

La grúa

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—Don Rogelio ¿se encuentra bien? Don Rogelio ¡despierte! Poco a poco vuelvo en mí, otorgando formas y colores a aquello que tengo delante de mis luceros. Éstos se desperezan paulatinamente, distinguiendo entre esas formas a una mujer anciana hablándome con vocablos metálicos y lejanos.  —Don Rogelio, ¿quiere que avise a alguien? —Su voz suena cercana y más natural a medida que mi cabeza regresa...  —No gracias, no es menester —replico, levantando del suelo mis octogenarios huesos.    Es bastante evidente la cara de preocupación de la señora. Estoy aquí y allá, confuso en cualquier caso. Toco mi cuerpo y lo exploro de pies a cabeza. Recién despierto y recién llegado de algún rincón del tiempo. Busco familiarizarme con el entorno y curiosamente se me hace conocido y desconocido a la vez.  El cielo está rojo intenso, concentrándose las nubes en círculos estrechos y alargados. Entre éstas se dispone un espacioso agujero oscuro del cual salen intensos fogonazos lumín...

En lo más alto del ocaso

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  Lejos quedan aquellos años vividos intensamente al cobijo de tilos y robles. Tanto así que le cuesta hacer memoria. Prueba de ello son sus lágrimas sin enjuagar, acompañadas de juramentos malsonantes y ceño fruncido.  Desvalido, enfermo y demacrado… Tito, viejo carcamal con pie y medio en la tumba. ¿A qué espera la muerte? ¿A una cordial bienvenida? ¿A una invitación lacrada? Incluso ella parece formar parte del complot para mantenerlo vivo como a un vegetal.  Esta conjura repite metódicamente momentos tantas veces añorados. Algunas veces se quedan retenidos en su sesera de forma puntual pero mayormente son chispazos efímeros sin orden ni concierto. Días encadenados a semanas y semanas encadenadas a meses, culminando en años interminables. Catarros, toses, pinchazos, reuma, pruebas médicas, artrosis, artritis, orines y defecaciones en el pañal. Problemas físicos de la mano de ese olor desagradable que emana su cuerpo. Desgracias en cualquier caso que hacen hincapié ...