Cuentos al calor de la chimenea
Las tres amigas Eran tres amigas como tres soles podría haber en el firmamento si uno tuviese la suficiente imaginación. Eran tres libélulas inseparables, orgullosas de su belleza desprendida en cada aleteo. Cuando volaba la una volaban las tres y cuando se detenía una se detenían las tres. ¿Sus nombres? Toñita, Encarnita y Luisita. Tres pies para un banco, tres compañeras devotas y tres formas de entender la vida. Eran coquetas pues pasaban el día acicalándose las patitas, acondicionando con cremas sus frágiles alas y por supuesto peinándose con la raya al medio. Cierto que resultaba prácticamente imposible distinguirlas así pues los animalillos del campo y del bosque habían optado por llamarlas «las tres amigas», sin más. No importaba si se trataba de ésta, aquélla o la otra ¡trivialidades! Daba genio verlas dispuestas al lucimiento con sus ojitos compuestos de otros ojitos más pequeños. Los tirabuzones en el ai...