Chocolate, fresas y tú
Su nombre de pila era poesía pura. La amé por encima de cualquier eventualidad física o espiritual. Aún así me faltó tiempo para quererla, si cabe, aún más. Tan exageradamente poco cuerdo este amorío que el hecho de amar duele tanto como apretar trozos de cristal. Su nombre de pila era poesía pura, pura poesía, guardiana candente de día y celosa custodia a la caída del anochecer que golpea, sin consideración alguna, los pulidos cantos de las escolleras. ¡Ella! Particularidad creativa y creativa particularidad. Clarividencia dentro de sueños irregulares y cántico de custodios a rodilla hincada. Hay más por conocer en cada minúscula coexistencia. ¿Qué nos quedó por hacer?… Lo rubrico al beneplácito de esta empecinada sensatez que me inunda de orgullo. ¡Ella! ¡Yo! ¡Nosotros! Desenfadada pareja de cabriolas que agarrados de la cintura bailan sin complejo sobre una caja de música o ¡así lo quisiera!… Nos conocimo...