Espeluznante -decimocuarto acto-
¿Cuántas horas le habría dedicado a pensar seriamente qué clase de decisión estúpida le había conducido irremediablemente a encontrarse en semejante trance? ¿Valor? ¿Patriotismo? ¿Demostrarse algo a él mismo y a los demás? Desde luego ninguno alcanzaba suficiente peso como para justificarlo. Sea como fuere allí dentro estaban únicamente él y sus circunstancias. De vérselas con la muerte lo haría en soledad, afrontándola con serena resignación. Tal vez no sea menos cierto que todos morimos solos así como solos venimos a este mundo. En Vietnam no había demasiado tiempo para llorar a los soldados caídos; unos tragos en la cantina, algunos vítores en su nombre y hasta la próxima patrulla. Tampoco cabían sentimentalismos, al menos no más de los que pudiese contar el enemigo. Aquel maldito conflicto llenó de mierda a los bandos confrontados no quedando ninguno de ellos libre de miserias propias. Al alba del día siguiente, al caer la tarde del otro o quizás dentro de dos sem...