Amissa sanitate
Qué frágil la mente humana cuando se resquebraja en diminutos vidrios, rindiéndose ante el hastío más absoluto. Enhebrando agujas de rendición por ominoso agotamiento; manteles de algodón recogidos y amontonando frutas prohibidas. Qué detestable aceptarse débil de aliento y anoréxico de arrestos. Esta basura inmunda todo lo contamina con pegotes petroleados. A esta lacra mugrienta la temo por ser desazón del angustiado, rezo del condenado libidinoso y baile cojo de sílabas irregulares. Pero también diáspora de sensaciones propias y ajenas alrededor de graznidos reconocibles; de tijeras ensangrentadas y heridas costrosas que deben ser raspadas. El resto de media mitad hiere con el canto afilado de la navaja a las almas esquizofrénicas, titilando dialectos primigenios. Juegan entre verdes pastizales con rostros escondidos bajo máscaras de ojos tristes y bocas vacías. Escrupulosas ellas ocultan el verdadero nosotros con caras cuarto menguante y muecas enmohecidas. Rabia ...